Tolerancia a la frustración
- 29 abr 2018
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Actualizado: 8 may 2018
Hoy intentaremos dar unas pautas para que nuestros/as hijos/as aprendan a tolerar y a gestionar mejor la frustración.
Una de las reflexiones más recurrentes acerca de la infancia es que los/as niños/as no incorporan la frustración como una emoción más de la vida.
Los adultos tienen gran responsabilidad en ello, ya que en la actualidad se tiene una conceptualización de la infancia que a veces resulta contraproducente para el desarrollo integral del/la niño/a. El/La niño/a debe apreciar el valor del esfuerzo como un elemento intrínseco de los procesos para la consecución de una meta deseada. Para ello es importante las actividades grupales en las que el/la niño/a se tenga que esforzar.
Es evidente aunque necesario recordar que el niño/a no puede tener todo lo que desea, ni en el momento que quiera.
Ante las reclamaciones subidas de tono -más conocidas como pataletas- el adulto, es muy importante que no ceda, ya que, el/la niño/a no puede constatar que chillar histéricamente es el mecanismo para obtener aquello que desea. El adulto conviene que no dramatice con los estados del/la niño/a cuando no consigue lo que desea. En este caso, también hay que ser consciente que llorar es algo totalmente normal y que todos lo hacemos, por tal razón, no debemos empeñarnos en cesar el lloro. Este sería otro tema con gran recorrido pero lo que hay que tener claro es que porque el/la niño/a llore no significa que nuestra labor como padres esté quedando en entredicho a ojos de la sociedad.
Los/Las niños/as se deben acostumbrar a lidiar con la frustración, ya que es una emoción a la cual se tiene que enfrentar todo ser humano. Cuanto antes se acostumbre a gestionar sus emociones, antes sabrá clasificarlas.
Deben saber renunciar a aquello que desean y, lo más importante, cesar ante las exigencias de la inmediatez.
Transfiriendo lo anterior a la práctica, pondremos un caso práctico en el cual el/la niño/a está reclamando insistentemente que quiere jugar con la tablet. Por mucho que moleste, por mucho que haga pataletas, el adulto no debe sucumbir a su voluntad. Esto que parece tan evidente, no lo es tanto en la práctica, ya que a veces, lxs niñxs pueden llegar "incordiar" mucho, pero la actuación del adulto es crucial para mostrarle si lo que está haciendo le llevará a su objetivo o no (conseguir la tablet).
Otro de los consejos, que desde dicho blog tratamos de difundir reside en la actuación del adulto cuando el niño/a está interactuando con el entorno. El adulto debe propiciar un entorno seguro, a la vez que permita la experimentación del/la niño/a. De esta forma, transmitiremos al/la niño/a que debe equivocarse y, posibilitaremos dicha tarea. El/la niño/a no debe percibir la equivocación como un sacrilegio y, en gran parte esa percepción dependenderá de la actuación del adulto.
Por ejemplo, ponemos un caso práctico muy fácil, a la vez que recurrente, el/la niño/a coge y pinta una camisa de su padre/madre. En vez, de reaccionar bruscamente, quizás hay que avisarle de que hay sitios que son para pintar, expresarse y experimentar, y otros que no. Es muy importante acompañar al niño/a en las decisiones que vaya a tomar, sobretodo si como adultos le indicamos cómo debe hacerlo, sin embargo, resulta primordial brindarle espacios de experimentación autónoma (acorde con su edad).
De la misma forma que debemos tolerar sus errores, es muy importante que nos centremos no tanto en el error, sino en la intención que subyace detrás de cada decisión.
Aquí os dejamos un vídeo con 5 consejos que os puede resultar muy útiles:




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